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Filosofía Zombie

El caso Costa Concordia (o la pérdida del honor)

Por: Zomvic Floyd

¿Qué demonios pasa en el mundo? 

Parece que hoy en día nos estamos haciendo más fríos e insensibles ante la desgracia de otras personas y, lo peor desde mi punto de vista, es que cada vez perdemos los valores que nos identifican como seres humanos: el honor, la honra, el coraje, todo eso que nos hace ser hombres (y mujeres) de verdad.

Pero, ¿por qué estoy diciendo eso? Pues porque hace poco ocurrió una desgracia en costas italianas y a muy pocos parece importarles. Es cierto que no fue una tragedia de la magnitud del Titanic, por ejemplo. Es cierto que el número de muertos es muy reducido si lo comparamos con el número de pasajeros. Es cierto que ocurrió al otro lado del mundo y poco o nada tiene que ver con nosotros, los de hoy y ahora. No obstante, yo creo que sí debería inquietarnos, al menos desde el punto de vista de un hombre cuyos ideales se basan en el honor.

Al escuchar la grabación de la llamada telefónica del capitán Schettino con el jefe del puerto, a uno de verdad que debería ponérsele la piel chinita. No puedo creer en semejante golpe a la razón, en semejante vileza y poca hombría.

Resulta que el capitán, por ley (y por honor) debe ser el último en abandonar el barco; debe ser el primero en velar por el bienestar de los pasajeros y tripulación y debe ser el primero en proveer los medios para ello…Un buen ejemplo es lo que ocurrió con el Titanic: el capitán, si bien podría haberse salvado, decidió jamás abandonar la nave y morir junto con ella. Decidió ceder su lugar a alguien más…Eso es tener HONOR.

Cosa que evidentemente a ese tal Schettino le falta. Su cobardía es tangible. Su falta de escrúpulos y cojones es motivo de terror para aquellos con un mínimo de sensatez. ¿Dónde ha quedado el honor y la honra? Eso que tanto abundaba en la época de los caballeros y castillos, esos tiempos en los que el honor significaba mucho más que la vida misma para un hombre de verdad. 

Hoy en día se necesita de firmas y pagares y tantas otras cosas para cerrar un trato. En los buenos viejos tiempos bastaba con la palabra; la palabra de un hombre valía mucho más que un costal con monedas de oro.

Hoy tenemos a presidentes y dirigentes de naciones que mandan a la guerra a un sinnúmero de personas para que se descuartizen entre ellas. Presidentes y dirigentes sentados cómodamente en un sofá bebiendo café y comiendo galletitas Oreo mientras esos otros hombres, los que llevan las armas, arriesgan y dan su vida ingenuamente creyendo que lo hacen por su país y por su bandera; cuando en realidad lo hacen para satisfacer la vorágine de buitres enfundados en sacos y gabardinas a miles de kilómetros de ahí.

Antes no era así. Antes los dirigentes y los mismos reyes eran los primeros en el frente de batalla. Eran los primeros en desenfundar la espada. ¿Por qué ya no es así? ¿Por qué se perdió ese valor? ¿Por qué una puñalada por la espalda ya no es vista como alta traición? No lo sé.

Lo único que sí sé es que en este mundo uno tiene el derecho a ser y hacer lo que uno quiera, menos una cosa: SER PUSILÁNIME

Ojalá que a ese Schettino le den una madrina de esas épicas. No tanto por haber sido el causante del hundimiento del Costa Concordia, sino por no haber tenido las agallas para quedarse a velar por el bienestar de sus pasajeros.

Ojalá pronto el honor vuelva a tener el estatus que una vez tuvo…Vaya ingenuidad la mía